

Desde muy pequeños nos invitan a no contar muchas cosas.
Ya de adultos, la vida nos recuerda la importancia de no contar lo que nos sucede como personas.
Debemos comunicar hechos de la naturaleza. Hechos de la vida. Pero no debemos contar nuestros aciertos o nuestros desaciertos.
Escribiendo estas palabras, la hoja en blanco me recuerda que nada es absoluto.
Nada es permanente. Todo cambia.
Este primer escrito lo comparto como una forma de dejar la evidencia acerca del recorrido que decido emprender, desde la templanza, pues en este mismo día han sucedido cosas buenas y cosas malas, pero los desaciertos son los que nos invitan a pensar, a detenernos y ver lo que pasó con el ánimo de intentar no volver a repetirlo, si el resultado no va con el camino.
No sucede nada nuevo bajo el sol.
Ya todo está escrito. La verdad, la mejor manera de asumir la vida es rindiéndose a ella, sin pelear, sin esperar nada a cambio.
Esto no es ser pesimista ni optimista. Poco a poco los hechos nos muestran que la grandeza se construye, grano a grano, paso a paso, gota a gota, palmo a palmo. No hay nada que celebrar. No hay nada por lo que llorar. Cuando empezamos a entender que la grandeza de vivir consiste en aceptar en silencio todo lo que sucede, es ahí cuando empezamos a sentir la paz a la que todos estamos destinados.
Las mayores tragedias me han enseñado que todos tenemos la chispa divina en nuestro ser. Hay personas que pasan por este plano terrenal sin permitir que brille esa chispa. Hay personas que la dejan brillar.
Cada día aprendo que una de las misiones de todos es dejar brillar nuestra propia chispa divina, nuestra propia luz, primero para que sea nuestra propia guía, y si logramos este cometido, posteriormente permitir que nuestra llama ayude a encender la llama de todos los seres humanos que nos encontramos en el camino que nos ha sido designado en esta vida.
Hoy inicia este recorrido que no tendrá fin.
Hoy empieza la historia de contar lo menos llamativo del camino que me asignaron en esta vida. Eso que no es tan emocionante, normalmente es lo que conduce a la paz y conduce a la tranquilidad que osamos llamar felicidad. Buen camino. Buen viaje juntos.
Acá empieza la paradoja de contar lo que no se debe contar.
El poder de no contar.
JMDíazTocarruncho
4/21/20262 min leer